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Marta Álvarez texto presentación exposición Rara Avis

Durante la Historia de Occidente hemos forjado una determinada manera de mirar el mundo: nuestro logocentrismo y nuestro ocularcentrismo han denido una visión del ser humano y de su relación con lo real.

El hombre occidental ha sido, eminentemente, razón: consciencia y control de sus actos y pensamientos, organización lógica, decencia moral y sublime belleza. Estos ideales han impuesto una fuerte dicotomía en nuestro modo de mirar el mundo: lo real se debate de continuo entre la luz y las sombras. Lo primero es lo divino y por extensión lo humano, que participa de la Belleza, la Bondad y la Perfección de dios. Por contra, la escolástica neoplatónica, declaró el reino de las sombras como el reino de lo animal, lo imperfecto, lo feo, lo demoníaco. Esta dicotomía ontológica recorre toda la historia de nuestro pensamiento y se pone de maniesto en diferentes momentos, entre los que destaca la dura batalla que Apolo y Dionisos mantienen en el pensamiento nietzscheano. La Razón frente a la sombra, la lógica frente al inconsciente, el humano frente a su animalidad.

El sometimiento de nuestro ser-animal frente a un pensamiento mecanizado, frío y calculador ha ido haciendo desaparecer de nuestras conciencias al pensamiento poético con su emergencia imprevista y su estado ensoñador. Así pues, Apolo ha ido ganando una batalla que se ha librado especialmente en los cafés oscuros, en las sucias calles, en las danzarinas salas de baile, en las mascaradas carnavalescas y en el irreal mundo de los sueños. Pero Dioniso vive, con su animalidad, su irracionalidad y toda su frescura infantil.

Laura Salguero reivindica con su trabajo un reencantamiento del mundo y una vuelta a la irracionalidad, animalidad e infantilidad que todos aún llevamos dentro. Desde su obra plástica aclama con excelente técnica y complejos recursos el poder liberador de la creación artística e incendia la revolución de nuestro inconsciente comunicando sus sensaciones.

En sus piezas, encontramos todo tipo de seres e ideas que caminan desde lo marginal y underground que, sin embargo, al “hombre de bien” continúan llamándole desde las tinieblas. Salguero juega con nosotros el doble juego de la atracción y el rechazo, de la taxonomización más lógica y el espectáculo morboso. Y nos lleva, de este modo, de vuelta a un cierto primitivismo, en que deseos y pasiones son satisfechas sin tanto miramiento, haciendo de la vivencia de la vida algo más verdadero.

Se sirve para ello tanto de la magia como de la pulsión clasicadora, de la más pura imaginación liberadora y de un afán dominador propio del Naturalista: la artista busca lo excepcional, lo insólito y lo extraño que llaman nuestra atención y nos atemorizan, para dejar que nos enfrentemos a ello y que extiendan su ser en el mundo. Y lo hace desde su propia ambivalencia en la búsqueda de la verdad, en que el pensamiento lógico de nuestra sociedad convive con el interés por lo irracional. Abre así una brecha en la que el museólogo, el explorador, el cientíco, el médico y el naturalista se dan la mano y giran dando vueltas con freaks, beats, monstruos, tribus ignotas, actores, curanderos, chamanes, magas, mujeres barbudas, brujas y piratas: la artista establece una especie de “Zona Temporalmente Autónoma” en que la antropología, la ontología y la teoría del conocimiento occidentales son trastocadas completamente. El hombre recupera aquí su ser olvidado y reprimido: es más pasión que conciencia, todas las cosas están animadas y contienen sus propias historias y lo que conocemos lo hacemos de manera más completa si nos acercamos a los objetos y circunstancias buscando más sensaciones que sentencias, caricias más que palabras, olores más que discursos. El tacto propio de una lógica ajerárquica gana aquí la batalla al ojo impositivo y pasamos de un antropocentrismo a una comprensión del hombre en simbiosis con lo animal. La Realidad se maniesta como algo mucho más completo y complejo de lo que el reduccionismo occidental ha venido a determinar y se impone un método de acercamiento integrador en que toda la pluralidad tenga cabida. Fuera de clasicaciones y normativizaciones cerradas que no son sino arbitrarias, puesto que, en realidad, como decía Borges, no conocemos qué cosa es el Universo.

Laura Salguero busca y estudia, se disfraza y baila y nos invita así a una subversión por medio del pensamiento poético, la fiesta, el juego y la magia, que se oponen a todo lo que entra en las categorías lógicas y se dejan llevar por la imaginación que es, a buen seguro, lo que más nos define como seres humanos. Nos invita pues, en último término, a volver a lo que somos: esos niños y animales que encuentran su mayor potencial en la sinrazón y la inconsciencia.